Nieve en Segovia
¡Oh, Segovia nevada! Nada más cerca de un cuento de hadas. El Alcázar de Segovia vigilando la ciudad, la dama de las catedrales vestida con su manto brillante, los campos vírgenes de nieve, los tejados goteando y formando pequeñas esculturas de hielo.
Cada detalle, efímero y perfecto, sorprendió a visitantes con suerte y a locales el pasado fin de semana.
Un panorama único que, últimamente, se deja ver contado con los dedos. Pero estos días el temporal decidió quedarse un poco más y regalarnos su versión más invernal.
El 18 de enero de 2026, Segovia despertó cubierta por una nevada tan intensa como poco habitual. Un manto blanco transformó por completo la ciudad, regalándonos una estampa difícil de olvidar. Ante una oportunidad así, no lo dudamos: decidimos volar para que el equipo y nuestros amigos pudieran disfrutar de este paisaje único desde el aire.
¿VAMOS O NO VAMOS?
Porque esto, bien lo sabemos, es más que un trabajo. Es la pasión que nos despierta cada mañana y nos empuja a dar nuestra mejor versión. Y, como siempre, la curiosidad aquí hace de las suyas: “Vamos a ver qué tal hace mañana”, dijo Daniel, nuestro piloto, el sábado 17 de enero, mientras la nieve no dejaba de caer a su alrededor.
La respuesta llegó clara: domingo 18, viento suave, dirección idónea. Se llamó al equipo, a algunos amigos… y nadie dudó. Menos mal que era domingo, ¿eh?
La curiosidad también sabe volar

Javier y Daniel, pilotos
UN GLOBO EN LA NIEVE
Quedamos temprano, muy temprano. 8:15 de la mañana, -7 grados. Nos abrigamos, enganchamos… y nos fuimos.
Despegamos desde Nueva Segovia para que el viento nos llevara sobre la ciudad. Y vaya si acertamos.
La sierra de Guadarrama que pareciera (con un poco de imaginación) compartir o deslizar su nieve sobre toda las calles, nos regaló justo lo que vinimos a buscar: Segovia vestida de blanco, con sus tejados, la muralla, el Alcázar y la catedral brillando como joyas entre la nieve. Los hilos de humo de las chimeneas dibujaban vida en el frío, mientras todo su alrededor parecía suspendido en un instante perfecto. Porque, si ya lo disfrutamos desde tierra,desde el aire era una sensación totalmente inefable.
Una hora después, regresamos a tierra entre risas, miradas brillantes y un aplauso que cerró el vuelo como se cierran los momentos memorables.
De este día nos quedan las fotos, la anécdota… y las ganas de repetir muchos vuelos así.
TODOS DISFRUTAMOS, DEL INICIO AL FIN
Y es que, miraras donde miraras, todo era un espectáculo. Nuestro globo de colores, el manto blanco y, por supuesto, la bonita estampa de Segovia. Nadie se quedó indiferente. Incluso nuestra amiga Vera, que era su primera vez en la nieve, disfrutó de lo lindo. La preciosa «perrita polar» (apodada así por nuestra compañera Sara), nos estuvo observando durante el despegue y ascenso, aunque el manto de la nieve la tenía bien ocupada.
Sin duda, es un auténtico lujo poder realizar vuelos de invierno como este, experiencias que no se dan todos los años y que nos recuerdan lo extraordinario que puede ser volar cuando la naturaleza decide vestirse de blanco.

¿Dónde se irá este globo?

